El corazón de nuestros océanos se está quedando sin color y sin vida. Un nuevo y alarmante estudio liderado por el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI) revela que la gran ola de calor marina registrada entre 2014 y 2017 fue una sentencia de muerte para el 15% de los corales del mundo. Sin embargo, la verdadera tragedia no es el pasado, sino el presente: los científicos confirman que desde principios de 2023 estamos inmersos en un cuarto evento de blanqueamiento global que promete ser mucho más devastador.
Una década de agonía submarina
La investigación, que analizó 15,000 arrecifes en 41 países, no deja lugar a dudas. El aumento de la temperatura del agua, impulsado por el cambio climático y fenómenos como El Niño, provoca que los corales expulsen a las algas simbióticas (zooxantelas) que les dan color y alimento.
El resultado es el blanqueamiento: el coral queda desnudo, vulnerable y, en muchos casos, muere de hambre. Según el comunicado del Smithsonian, en el evento previo, más del 50% de los arrecifes del planeta sufrieron daños significativos.
El análisis más grande de la historia
Para llegar a estas conclusiones, expertos como Sean Connolly y Scott Heron (de la Universidad James Cook en Australia) cruzaron imágenes satelitales de la temperatura oceánica con estudios submarinos y aéreos.
- Pérdida histórica: En los últimos 30 años, la Tierra ha perdido el 50% de su cobertura coralina.
- Impacto económico: Los arrecifes no solo son bellos; sostienen el 25% de la vida marina, protegen las costas de huracanes y generan miles de millones de dólares en turismo y pesca.
- Sin tiempo de respiro: Los ciclos de calor son ahora tan frecuentes que los corales no logran recuperarse antes de la siguiente embestida térmica.
¿Qué está pasando en 2026?
La advertencia es clara: el evento iniciado en 2023 sigue activo y ha superado los registros de hace una década. Los científicos del STRI en Panamá subrayan que, sin una reducción drástica en las emisiones de carbono, los arrecifes de coral podrían enfrentar una extinción funcional para finales de este siglo, dejando ecosistemas desérticos bajo el agua.









