En el arranque de una discusión que promete mover el tablero político, la presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Kenia López Rabadán, dejó clara su postura: si la reforma electoral llega a San Lázaro, habrá transparencia, pluralidad y respeto en el debate.
Dicho en términos sencillos, lo que está en juego son las reglas con las que se compite por el poder en México. Cambiar la ley electoral significa modificar cómo se organizan las elecciones, cómo se vigilan los recursos y qué garantías existen para que el voto sea libre. Por eso la legisladora subrayó que su papel será asegurar que cada grupo parlamentario pueda fijar su posición y que la ciudadanía conozca qué propone cada quien.
Recordó que la ley establece un plazo clave: cualquier reforma electoral debe aprobarse al menos 90 días antes del inicio formal del proceso electoral. Esa regla busca evitar cambios de última hora que alteren la cancha cuando el partido ya está por empezar. Además, señaló que también está sobre la mesa una iniciativa ciudadana en la materia, lo que obligará a abrir la discusión más allá de los partidos.
Para López Rabadán, el objetivo de cualquier modificación debe ser fortalecer la democracia, blindar el voto y cerrar la puerta a la intervención del crimen organizado, tanto en dinero como en presión territorial. Pero también lanzó una advertencia política: si los cambios implican retrocesos, no hay prisa. En otras palabras, no se trata de cumplir un calendario, sino de cuidar el contenido.
En paralelo, al referirse a los bloqueos y hechos violentos registrados en distintas entidades tras un operativo federal reciente, hizo un llamado a reconocer tanto la serenidad de las familias mexicanas como la actuación de las Fuerzas Armadas. Comentó que, durante la ceremonia del Día de la Bandera, expresó personalmente su reconocimiento al general Ricardo Trevilla Trejo por la labor del Ejército.
La diputada insistió en que la defensa del país debe reconocerse más allá de simpatías políticas y celebró que los tres poderes del Estado continúen trabajando. Subrayó que la Cámara no se ha detenido y que el debate democrático seguirá su curso institucional.
Así, mientras el reloj constitucional avanza, el mensaje desde San Lázaro es que la discusión electoral no será un trámite automático, sino un proceso abierto donde cada postura quedará expuesta ante la opinión pública.









