Caminar por la calle de Donceles, en pleno Centro Histórico de la Ciudad de México, es transitar por capas de tiempo superpuestas. Entre librerías de viejo, fachadas virreinales y el rumor constante del tráfico, se esconden pequeñas “ventanas” que permiten mirar siglos atrás, hasta cuando esta zona era parte viva de México-Tenochtitlan. No están en grandes museos ni rodeadas de reflectores: son discretas, casi secretas, y convierten un paseo cotidiano en una experiencia arqueológica inesperada.
¿Qué son las ventanas arqueológicas?
Las ventanas arqueológicas son espacios protegidos —generalmente detrás de cristales o integrados a edificios modernos— que exhiben restos prehispánicos in situ, es decir, en el mismo lugar donde fueron encontrados. No se trata de piezas trasladadas a vitrinas, sino de fragmentos reales del pasado que permanecen donde estuvieron hace más de 500 años.
En el Centro Histórico, estas ventanas permiten observar muros, pisos, canales y basamentos mexicas que sobrevivieron a la Conquista, al crecimiento urbano y a la modernización de la ciudad.
Donceles: una calle con raíces mexicas
Hoy conocida por sus librerías y edificios históricos, Donceles atraviesa lo que fue una zona clave de Tenochtitlan. Bajo el asfalto y las banquetas se encuentran vestigios de:
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Viviendas mexicas
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Sistemas hidráulicos y canales
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Estructuras ceremoniales menores
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Adaptaciones indígenas de la traza colonial temprana
Esta superposición explica por qué, al excavar para remodelaciones o restauraciones, siguen apareciendo restos arqueológicos en plena calle.
A lo largo de Donceles y sus inmediaciones puedes encontrar varias ventanas arqueológicas accesibles al público. Algunas están dentro de edificios públicos o culturales; otras se observan directamente desde la banqueta.
Entre los elementos que suelen verse destacan:
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Muros de piedra volcánica con técnicas constructivas mexicas
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Pisos de estuco que formaron parte de antiguas viviendas
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Canales y drenajes que recuerdan que la ciudad fue, literalmente, lacustre
La experiencia es casi íntima: no hay multitudes ni filas, solo tú y un fragmento del pasado observado a través del cristal.
Una forma distinta de hacer turismo cultural
Estas ventanas invitan a un tipo de turismo más lento y atento. No requieren boleto ni horarios estrictos; basta con caminar con curiosidad y mirar hacia abajo o hacia el interior de los edificios. Son ideales para:
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Recorridos a pie por el Centro Histórico
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Clases abiertas de historia urbana
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Fotografía de detalles y texturas
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Redescubrir la ciudad más allá de los monumentos famosos
Además, ayudan a entender que la historia prehispánica no está confinada a sitios como el Templo Mayor: sigue presente bajo cada paso.
Mirar sin prisa, imaginar con respeto
Asomarse a una ventana arqueológica no es solo observar piedras antiguas. Es imaginar la vida cotidiana de quienes habitaron este mismo espacio, siglos antes de que existieran nombres como Donceles o Centro Histórico. Es recordar que la Ciudad de México no se construyó sobre el pasado, sino con él.
La próxima vez que camines por Donceles, reduce el paso. Tal vez, detrás de un cristal discreto, esté esperándote otra historia que aún no sabías que conocías.












