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Engañado con un empleo, esclavizado para estafar: la historia que revela el lado oculto del fraude digital

Lo que comenzó como una oportunidad laboral para ayudar a su familia terminó convirtiéndose en una pesadilla de explotación, violencia y crimen organizado. La historia de Abdus Salam refleja una problemática creciente: la convergencia entre la trata de personas y las redes internacionales de fraude digital.

En 2022, Salam, un joven bangladesí de 26 años recién graduado, buscaba empleo cuando un conocido le ofreció ayuda para conseguir un trabajo bien remunerado en Camboya. La propuesta parecía legítima: laborar como operador informático en un casino en línea, con un salario mensual de entre 800 y 1,200 dólares. Sin embargo, al llegar a su destino, su realidad cambió drásticamente.

En lugar de un empleo formal, fue despojado de sus documentos y vendido a distintos centros de estafas en línea, conocidos como “scam centers”. Durante más de cinco meses, Salam permaneció retenido en condiciones de explotación extrema, obligado a trabajar jornadas de hasta 17 horas diarias engañando a personas de distintas partes del mundo.

Su testimonio fue presentado en la Cumbre Global contra el Fraude, celebrada en Viena y organizada por Interpol y la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito. Ahí, autoridades internacionales alertaron sobre la magnitud de este fenómeno, que genera cientos de miles de millones de dólares anuales para el crimen organizado.

Según relató Salam, los trabajadores eran obligados a manejar múltiples cuentas falsas en redes sociales y aplicaciones de citas como Facebook, Instagram, X, Tinder y WhatsApp. A través de guiones preestablecidos, debían ganarse la confianza de las víctimas para inducirlas a invertir en criptomonedas fraudulentas.

El sistema era brutal. Cada “cliente” perdido implicaba castigos adicionales, mientras que los intentos de resistencia eran reprimidos con violencia física, incluyendo golpes y descargas eléctricas. “Había personas con antecedentes criminales, otras que trabajaban voluntariamente y también víctimas reales como yo”, explicó Salam, quien ahora forma parte de la Red Global de Supervivientes.

Tras cinco meses y nueve días de cautiverio, logró ser rescatado por la Organización Global Antiestafa y regresar a Bangladés. Su experiencia, sin embargo, es solo una muestra de un problema mucho mayor.

De acuerdo con estimaciones presentadas en la cumbre, tan solo en Asia Oriental y el Sudeste Asiático estas redes generan pérdidas por fraudes digitales cercanas a los 40 mil millones de dólares anuales. Pero el impacto no es únicamente económico. Expertos de la ONU advierten que este tipo de explotación representa una nueva forma de esclavitud moderna.

Ilias Chatzis, jefe de la Sección de Trata de Personas y Tráfico de Migrantes de la ONUDD, señaló que esta modalidad no se observaba hace una década y actualmente representa entre el 8% y el 10% de los casos de trata a nivel mundial. Además, destacó que el trabajo forzado ha superado por primera vez a la explotación sexual en las estadísticas globales.

Ante este escenario, la comunidad internacional subraya la necesidad de fortalecer la cooperación entre países y de escuchar a los sobrevivientes, quienes pueden aportar información clave para entender y desmantelar estas redes criminales. Salam insiste en que quienes han vivido esta experiencia tienen la capacidad de identificar a los responsables, sus métodos y las tecnologías que emplean.

Su historia no solo revela la crudeza de estas redes, sino también la urgencia de actuar frente a un fenómeno que sigue creciendo y adaptándose en la era digital.

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